Peio García /ICAL - Celebración de la festividad de las Águedas en León
LEÓN - SOCIEDAD/FIESTAS
Sábado, 10 de Febrero de 2018

Las Águedas toman el mando de la ciudad de León y reivindican la lucha de las mujeres por la igualdad

ICAL - La concejala de Familia y Bienestar Social, nombrada como Águeda de Honor de las celebraciones

El alcalde de León, Antonio Silván, cedió hoy por un día el bastón de mando de la ciudad a la Águeda Mayor, María de los Ángeles Fernández Cerezal, para conmemorar la tradicional festividad de Santa Águeda en la capital provincial. Silván dedicó su discurso a la lucha de las mujeres por la igualdad, “lejos de esperpentos” en un día que sirvió para renovar el compromiso de los leoneses en la lucha contra la violencia de género.

En ese sentido, el regidor, que hoy disfrutará de un día libre, quiso destacar el papel de la concejala de Familia y Bienestar Social, Aurora Baza, que este año fue nombrada Águeda de Honor, y mostró su agradecimiento a las más de 50 águedas que participaron en la fiesta por acudir al salón de plenos del Consistorio de San Marcelo. “Esta tradición nos ayuda a conservar nuestras raíces y nuestra identidad en un acto que permite renovar nuestro compromiso con las mujeres y con la igualdad”, recalcó Silván.

La Asociación de Águedas de León se creó en el año 2005 con el fin de divulgar en la ciudad el sentido de esta fiesta en la que las mujeres pasan a tener el mando sobre los hombres. Existen escritos de principios del siglo XIX que recogen que “el alcalde se dispone a ceder su autoridad en honor a la santa, a las lindas alcaldesas que, engalanadas con todo el lujo, se presentan a recibir de mano de sus esposos la vara de la justicia y la autoridad que aquella vara representa, quedando reducido el alcalde, así como los maridos, a la obediencia y servidumbre, porque como se dice en el pueblo aquel día mandan las mujeres”.

Una mártir en tiempos de Decio

Santa Águeda o Ágata, celebrada el 5 de febrero, recuerda la vida de una joven y bella noble nacida en Palermo, siendo emperador Decio y presidente de Sicilia, Quinciano. En aquel tiempo se promulgó un edicto obligando a los cristianos a sacrificar a los dioses y Águeda fue llevada ante Quinciano quien, prendado de ella, quiso rendirla entregándola a la vieja Frodisia y a sus cinco hijas, que conseguirían obrar en ella un rápido cambio de opinión.

Tras el paso del tiempo, Águeda, que persistía en su postura, fue llevada de nuevo ante Quinciano quien, viendo a la joven firme en sus convicciones, mandó cortarle un pecho a cercén y encarcelarla sin permitir que médico ninguno la atendiese y sin comer ni beber nada. Desde antiguo se representa a la santa con los pechos cortados sobre una bandeja en la mano izquierda y en la derecha la palma, atributo y símbolo de la pureza y del martirio. Así Santa Águeda, con sus pechos cercenados, se convirtió en “abogada de las enfermedades de las mamas y por ende de las virtudes del recato y la feminidad que éstas encarnan”.